«El Yo consciente»

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Esta obra interdisciplinaria aporta a la función social del arte con una serie de retratos visuales y testimoniales, de personas de diversas edades, condiciones socioeconómicas y culturales cuya importancia radica en su capacidad de superación y que han vivido experiencias de resiliencia, entendida la resiliencia como la capacidad humana, individual y colectiva de superar las adversidades y salir fortalecido de ellas. Los testimonios escritos conscientemente, acompañan a las fotografías, describen las adversidades que vivieron los protagonistas, cómo las superaron y en qué sentido se fortalecieron de ellas.Los principales objetivos son: reafirmar la función terapéutica del retrato testimonial; difundir la resiliencia y contribuir a la concientización de que todas las personas poseen esta capacidad durante toda su vida; nadie está exento de desarrollarla en algún momento.Las imágenes y los testimonios fueron realizados en Ecuador, Chile y Estados Unidos.
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1.- ¿Qué adversidad quiere compartir? Agresión sexual a los 17 años2.- ¿Cuál fue su proceso de superación personal?Los primeros años posteriores al hecho fueron muy difíciles y dolorosos. Fue un antes y un después. Buscaba donde quiera protección. Tome decisiones precipitadas, siento que forcé el proceso natural de la vida. Luego, cuando entre a estudiar teatro, inicie un proceso de «re-conocimiento» personal que me permitió entender la vida misma desde otra perspectiva. Me percaté que es altísimo el porcentaje de agresiones a mujeres y también a niños, que es una práctica de sometimiento que infunde el miedo, la culpa, la vergüenza y sobre todo el silencio. Me di cuenta que había que hablar. Hablar para crear redes de apoyo, de denuncia, de educación.3.- ¿Qué influyó en su resiliencia?Siento que cuando estrené el monologo «Lilith» hice un homenaje a todas las mujeres, sobre todo a las que atraviesan mi historia personal. Al reivindicar al personaje de Lilith, la expulsada del Paraíso, la olvidada, la maldita, descubro a una mujer que no se somete a las adversidades, que renace de la soledad y del desierto, fuerte e integra, libre de tomar sus propias decisiones. El teatro me ha permitido reconocerme hija de su casta y hablar de ella a quien me escuche.4.- ¿Cómo se siente en la actualidad?Voy caminando serena, con plenitud y los ojos abiertos a los demás.Joaquin comprimida¿Qué adversidad quiere compartir?Depresión y baja autoestima.¿En que consiste su proceso de realización personal?Algo que encontré en mi vida y que no sabía direccionarlo es la rebeldía interna, hasta que me di cuenta que nunca me ha gustado la discriminación, el odio o la segregación; sigo siendo rebelde pero ahora hago algo por la gente que está indefensa, el bienestar común es lo que me marca profesionalmente mi vida, claro que esto implica muchas distanciamientos necesarios para trascender material, espiritual, profesional y socialmente. ¿Qué influyó en su resiliencia?La sicología me ayudo para irme desligando de ciertos preceptos que han estado mal, un tratamiento profesional con un sicólogo y siquiatra me ha ayudado bastante, así como también encontrar gente muy chévere que me ayuda a crecer en mi vida, me han enseñado, sobre todo, caminos espirituales que me dan mucha fortaleza; una de las cosas principales que ha aportado en mi proceso ha sido hablar, porque con la depresión lo que he hecho es retraerme y aislarme, en cambio hablando me libero; me ayuda mucho hacer las cosas en colectivo, creo que es más fácil hacerlo en conjunto. También me he alejado de los tragos porque me tiran hacia abajo. El deporte, lo que implica la disciplina de levantarme temprano, de comer más saludablemente. Tengo que señalar muchísimo el apoyo que ha sido mi familia, hablar con ellos, aceptar a mis padres, esto lo voy aprendiendo día a día. La fuerza del amor espiritual es importantísima. ¿Cómo se siente en la actualidad?El ir encontrando respuestas sobre mí mismo a través de un trabajo interior me alivia; al igual que ir direccionando la rebeldía y hacer algo en concreto por los que me rodean, en verdad que me alivia. Algunas cosas ya he superado completamente, pero a diario tengo que estar en contacto con mi parte espiritual, que no es una religión o un solo Dios, para mi existen muchos Dioses. Puedo decir que ahora estoy viviendo una vida más centrada, un poco más organizada, tranquilo en unos aspectos y en otros con esa ansiedad de seguir trabajando, es muy linda esa sensación de decir “haz logrado cosas, pero camina más, hay que seguir adelante”.
Helena comprimida1.- ¿Qué adversidad quiere compartir?Mi rol como madre-hermana en la adolescencia debido a una grave enfermedad de mi madre (con 14 años quedo a cargo de mis hermanos menores) y la lucha por mi supervivencia. Hija de madre divorciada. Fallece mi madre después de padecer su segunda enfermedad. Un año antes fallece mi abuela materna. Estas muertes tempranas provocaron la disolución familiar. Una vez sola (con 23 años) emprendo mi último año de estudios en artes con una beca y al mismo tiempo empiezo mi lucha para conseguir un techo y comida con mi primer trabajo.2.- ¿Cuál fue su proceso de superación personal?El arte. La capacidad de crear desde los instintos y la sensibilidad, modelar en arcilla y tallar en madera. En la arcilla yo escapaba de la dureza de la realidad y la soledad y podía proyectarme a mí misma sana y alegre, integrada a la naturaleza, feliz y en armonía; plasmaba los deseos más profundos de mi alma y toda la ternura de la que era y soy capaz. La curiosidad de aprender de manera autónoma, inicié mis estudios en inglés e italiano con algunos cursos privados y la mayoría de auto-aprendizaje. No acepté juicios de valor sobre mí, siempre hubo en mí una voz interior digna, que resistió fiel a una imagen positiva de sí misma a pesar de todo.3.- ¿Qué influyó en su resiliencia?La recuperación de relaciones familiares positivas con otros círculos de la familia me enseñó a tener una buena actitud ante la vida, salir del papel de víctima, trabajar, seguir adelante y superarme. La ayuda parcial de un psicólogo. Lo más sano fue aislarme de conflictos y enfocar toda mi energía en el auto aprendizaje y la autodisciplina. El mundo interior profundo y la tolerancia a la soledad, desarrollaron mi capacidad de enfoque en mi misma para potenciar mis habilidades. Desarrollé la comunicación verbal, que en mi adolescencia era nula, mi profesor de pintura me infundió mucha confianza, seguridad y positivismo.4.- ¿Cómo se siente en la actualidad?He superado una grave y peligrosa depresión, he leído mucho sobre psicología y eso me ha ayudado a entender la problemática por la que pasé. El arte me salva. Además está el ser consciente de mi propia capacidad de curarme. Hoy mantengo cordiales relaciones con toda mi familia, por lo que estoy sumamente agradecida con ellos. Esto contribuye de manera fundamental con mi salud emocional, mi identidad y adaptación en Alemania. Hace tres años aprendí a cantar y continúo bailando. Mi lema: no al papel de víctima.Leipzig-Alemania, 2014
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Empezaré contestando la última pregunta…..
Segura de que sí unimos voluntades, este mundo sería distinto. Y para esto, debemos siempre empezar por nosotros mismos, por mover nuestra voluntad, decidirnos a hacerlo. Me siento bendecida, agradecida y humilde.
Vengo de una familia que, como la mayoría, trabajaba para subsistir. Mis padres, con todo su amor y dedicación, plantaron en mí el trabajo, la responsabilidad y la honradez.
Mi sueño como mujer era tener una familia numerosa, ser madre de familia, criar a mis 5 hijos! jugar con ellos y ser muy, muy feliz….como en los cuentos de hadas….propios de una madre / niña de 21 años, ahora tengo 49.
Sin embargo la vida me deparaba otra cosa, a mi hijito amado, el primogénito y para el que tenía una infinidad de sueños, a los seis meses de edad le diagnosticaron una lesión cerebral, según el médico, irreversible y con consecuencias nefastas para su crecimiento y desarrollo……»iba a ser un vegetal”, me dijo el médico……El amor a la vida, la fuerza que sostenía mi vida, el amor y fe en Dios, esa fuerza y/o energía que fluye en todo lo que existe, la esperanza que vive y permanece en mi corazón por siempre, me dieron el valor para NO ACEPTARLO, yo decidí no aceptar esta circunstancia en mi vida , decidí no aceptar esto para la vida de mi hijo, decidí trabajar, hacer todo lo que esté en mis manos, la ciencia, la tecnología, todo para que no se cumpla lo que decía el médico. Con el paso del tiempo, ahora mi hijo tiene 27 años, agradezco a Dios por haberme dado la fuerza y sobre todo el amor para sobrellevar este reto que me ponía la vida, puesto que Luis Alejandro luego de tortuosas terapias para ambos…..logró sostener su cabecita, gatear, caminar, correr….hasta ganó medallas en las competencias escolares….. Si bien en su psicomotricidad gruesa logramos grandes avances, la epilepsia que se le desarrolló a sus siete añitos, fue muy difícil manejarla, si a esto sumamos el retardo mental que tiene derivado de su lesión. Actualmente está aprendiendo las habilidades para lograr su autonomía en las actividades de la vida diaria.
En mi caso, aceptar esta realidad fue terriblemente doloroso, mi vida súbitamente dio un giro irreversible, lloré hasta que no tuve más lágrimas, pero ante la realidad, tenía que seguir adelante. Empecé a investigar todo lo que podía, a buscar los mejores médicos, a darle todas las terapias que podía, a nutrir su cuerpo, mente y corazón con el amor que una madre tiene por su hijito, asumiendo con responsabilidad pero con mucho dolor y frustración también.
He tratado de leer cuanto libro he podido para tratar de entender como funciona nuestro cerebro y poder comprender a Luis y apoyarlo de la mejor manera y, ahí fue donde sucedió el milagro, porque precisamente tratando de ayudar a Luis, me ayude a mí misma….sin saberlo.
Este leer e investigar me ha hecho entender y tomar conciencia de quien soy, de aceptarme como soy, con todos mis «grises”, a comprender que tengo el derecho a llorar, a entender mis limitaciones y superarlas, porque lo más hermoso que en este proceso interno he logrado materializar, es que con amor, pasión y voluntad, las ganas y la decisión de hacerlo, todo se puede lograr. De ahí nació también mi amor hacia el montañismo, puesto que el sentirme tan infinitamente minúscula ante la grandeza de la vida y la naturaleza, me ha dado la humildad pero también la fuerza para lograr los objetivos propuestos. Considero que la montaña es una analogía con la vida misma y por influencia de uno de los «ángeles» que Dios puso en mi vida, me auto diagnostiqué estar en contacto con la naturaleza y subir montañas en lugar de tomar antidepresivos como me había recomendado el psiquiatra días antes.

Adicción, Recuperación y Resiliencia.
Atravesé una etapa de consumo desde los 12 años, hasta los 19, cuando ingrese a una comunidad terapéutica en la ciudad de Milagro en la provincia del Guayas.
A raíz de las experiencias ganadas en la época de consumo como la posterior etapa en recuperación, marcaron los lineamientos por los cuales he pasado con aciertos y errores, cometiéndolos a cada instante, pero sobre todo aprendiendo de ellos, aunque no de todos.
Hoy en día gracias a estas etapas de aprendizaje que pase en mi vida se me ha permitido apoyar a lo largo de años a personas que estén atravesando por problemas similares ya sea de manera directa o indirecta y desde escenarios muy distintos que permiten dar la mano desde distintos escenarios, al conocer que es un fenómeno difícil de dar explicación por los factores que lo causan y los problemas que genera no solo para la persona sino para la familia y la comunidad en sí.

Transcurrido ya algunos años de aquella situación en la que mi vida se vio cercada, despojado de cualquier oportunidad y esperanza debido a barreras mentales más que físicas, perdiendo todo aspecto positivo que algún día pensé tener, sumido en un mundo de caos, un mundo en el que vivir era un círculo vicioso, una rutina de autodestrucción viviendo de fantasías y fantasmas de días mejores, me veía tocar cada día un fondo tras otro. Pensé que eso era normal, que así debía vivir, eso era lo que me gustaba y me permitía adentrarme más en esa falsa realidad que mi mente se encargaba de crear bajo esas circunstancias.

Un encierro oportuno, encontrarme con personas iguales a mí, que compartíamos la misma cárcel en nuestras mentes, me permitió abrir la mía y darme cuenta que existe un mundo distinto al que había creado, que mis capacidades y habilidades seguían intactas que simplemente debía revivirlas, que me estaban esperando, que el mundo y mi vida no eran esa rutina y que las oportunidades las hago yo, no el mundo.

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